Los habitantes del municipio de Guarambaré se organizaron para registrar las misteriosas apariciones que ocurren entre la medianoche y las tres de la mañana. La Policía acudió tras las denuncias, pero no logró localizar a las sospechosas.
Un llamativo episodio genera inquietud entre los vecinos de Guarambaré, en Paraguay, quienes desde hace varios días aseguran observar a tres mujeres caminando de madrugada hacia el cementerio de la ciudad.
Según relataron habitantes del barrio Colón, dos de las mujeres visten túnicas blancas y la tercera ropa negra. Todas tendrían el cabello largo, oscuro y caminarían con la cabeza baja en un recorrido que, de acuerdo con los testimonios, comienza en el nuevo cementerio y continúa hasta el antiguo camposanto.
Ante la reiteración de la escena, que se produciría entre la medianoche y las 3 de la madrugada, un grupo de vecinas decidió registrar uno de los recorridos con un teléfono celular y compartir las imágenes para respaldar sus relatos.
El hecho también fue denunciado ante la Policía. Sin embargo, cuando los efectivos llegaron al lugar señalado, las mujeres ya no se encontraban allí y no pudieron ser identificadas.
Hasta el momento se desconoce quiénes son las personas involucradas ni cuál sería el motivo de estos recorridos nocturnos. Entre los vecinos surgieron distintas hipótesis, desde una posible intervención artística o un desafío viral en redes sociales hasta otras especulaciones que no pudieron ser confirmadas.
Por el momento, las autoridades no informaron sobre una investigación específica ni sobre la identidad de las personas observadas, mientras el episodio continúa generando comentarios y preocupación entre los habitantes de la localidad.
Fuente: Más Encarnación
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miércoles, 19 de agosto de 2026
Argentina: La leyenda del “Hombre Gato” y un misterio que nunca se resolvió
El pánico estalló en agosto de 1984 en la localidad de Brandsen y llegó a La Matanza. Mientras las patrullas vecinales hacían guardia por las noches, las teorías oscilaban entre una secta brasileña y una fría operación política.
—¿Y cómo sabemos que no sos un tarado haciendo una broma?—, respondió del otro lado el comisario, desconfiado.
—Le digo que soy el Gato. Les hablo desde el teléfono 22-813...
La extraña conversación ocurrió el 5 de agosto de 1984. Así reconstruyeron ese intercambio los diarios que siguieron el caso durante casi siete meses. Los policías rastrearon el número y fueron hasta el domicilio que figuraba en la guía telefónica, en Brandsen. Allí los recibió un maestro muy conocido en la ciudad, quien les confirmó que ese era su número, pero les aseguró que la línea llevaba meses fuera de servicio. Aquel llamado fue uno de los tantos episodios que alimentaron el enigma de una historia que, entre denuncias, rumores y versiones nunca del todo esclarecidas, desató una ola de pánico en la provincia de Buenos Aires: la del “Hombre Gato”.
En ese momento, la Argentina transitaba los primeros meses de la recuperación democrática y Brandsen todavía conservaba la calma de una ciudad donde casi todos se conocían. Esa tranquilidad comenzó a resquebrajarse con una serie de denuncias nocturnas. Varios vecinos aseguraban que un hombre vestido completamente de negro, con una máscara que imitaba el rostro de un gato y unas garras metálicas, recorría los techos de las casas, emitía maullidos y, en algunos casos, atacaba a quienes encontraba solos antes de desaparecer en la oscuridad.
Lo que al principio parecía un simple rumor de barrio terminó desbordando a la policía y a los propios vecinos. El “Hombre Gato” ocupó las portadas de los diarios, dio origen a patrullas vecinales armadas que recorrían las calles durante la madrugada y alimentó todo tipo de hipótesis: desde el accionar de un agresor solitario hasta la existencia de una supuesta secta brasileña, una maniobra para desviar la atención pública o incluso un experimento social. Más de cuarenta años después, entre expedientes inconclusos, archivos periodísticos y los recuerdos de quienes vivieron aquellas noches de miedo, el caso sigue siendo uno de las leyendas urbanas más recordadas.
Brandsen, el origen del miedo
Las primeras denuncias aparecieron entre la última semana de julio y la primera semana de agosto de 1984, cuando en Brandsen comenzaron a circular relatos sobre una presencia extraña que aparecía durante la noche. Al principio eran comentarios entre vecinos: alguien había escuchado ruidos sobre el techo, otro decía haber visto una sombra cruzar un patio, algunos aseguraban haber oído un maullido profundo, demasiado grave para parecer el de un animal.
Con el paso de los días, los testimonios empezaron a multiplicarse y a compartir una misma descripción. Ante las cámaras de Crónica TV, unos vecinos que afirmaban haberlo visto, lo describieron como un hombre alto, de contextura atlética, vestido completamente de negro y con una máscara que imitaba la cabeza de un gato. Se movía con rapidez, saltaba entre los techos y desaparecía antes de que alguien pudiera acercarse.
La situación cambió el 4 de agosto de 1984, cuando una joven de 22 años denunció haber sido atacada dentro de su propia casa. Según reconstruyeron los diarios a partir de su testimonio, el intruso ingresó durante la madrugada a su habitación vestido completamente de negro. La víctima aseguró que llevaba una máscara con rasgos felinos y orejas puntiagudas, además de un guante del que sobresalían cuchillas metálicas semejantes a garras. Durante el forcejeo, dijo que logró defenderse y que el agresor escapó después de herirla y volver a emitir esos maullidos graves que, hasta entonces, solo habían sido parte de los relatos que circulaban entre vecinos.
Pero el caso dio un giro definitivo cuando una joven denunció que el misterioso atacante había entrado a su habitación e intentado abusar sexualmente de ella. Al declarar, aseguró que estaba vestido completamente de negro, llevaba una máscara con rasgos felinos y un guante del que sobresalían cuchillas metálicas similares a garras. También contó que, durante el forcejeo, la hirió antes de escapar y perderse en la oscuridad.
Esa denuncia cambió la dimensión del caso. Lo que hasta entonces había circulado como una serie de relatos entre vecinos comenzó a ocupar las páginas de los diarios y a instalarse en la conversación cotidiana de Brandsen. Crónica tituló: “Brandsen, aterrorizado por el Gato Montés”, una de las primeras formas en que nombró al personaje. Ese mismo día, el diario Popular utilizó otra denominación: “el Hombre Gato”. El nombre terminó imponiéndose y convirtió a un supuesto agresor en un personaje que ya empezaba a formar parte del imaginario social.
Ese apodo terminó imponiéndose. En pocos días dejó atrás otras denominaciones y comenzó a circular en radios, comercios y reuniones familiares. Eso ayudó a darle una identidad a un personaje cuya existencia todavía no había podido ser comprobada, pero que ya comenzaba a instalarse en el imaginario popular. La presión sobre la policía aumentó: no había un sospechoso identificado, no existían pruebas concluyentes y el atacante parecía haberse desvanecido sin dejar rastros.
En ese clima de incertidumbre apareció un episodio que terminó de alimentar la leyenda. Una llamada telefónica a la comisaría de Brandsen, atribuida por los policías y los medios al propio “Gato”, sumó una nueva capa de misterio a un caso que ya había escapado de los límites de una investigación policial.
La noche en que Brandsen empezó a buscar culpables.
El problema ya no era solamente encontrar al Hombre Gato. En Brandsen comenzó a crecer otra preocupación: la posibilidad de que el miedo llevara a los propios vecinos a cometer un grave error. Con cada nueva descripción del supuesto atacante, también se repetían algunos rasgos físicos: un hombre alto, atlético, vestido de negro y con una particular forma de moverse. Esas características, difundidas una y otra vez, terminaron convirtiéndose en una señal de sospecha para cualquiera que coincidiera con ellas.
Las patrullas vecinales que se habían formado dejaron de ser simples recorridas de vigilancia y comenzaron a funcionar como grupos de búsqueda. Por las noches, los vecinos organizados salían con linternas, palos y armas para recorrer calles, terrenos baldíos y zonas oscuras de la localidad. En algunas de esas salidas hubo confusiones que estuvieron cerca de terminar en tragedia.
Uno de los episodios más recordados fue el de un joven boxeador del barrio. Su altura, su contextura física y la costumbre de entrenar de noche hicieron que algunos vecinos lo vincularan con el personaje que buscaban. Una patrulla llegó a rodearlo convencida de haber encontrado al responsable, pero la situación cambió cuando la mujer a la que supuestamente había atacado confirmó que se trataba de un conocido que simplemente había pasado por su casa.
Otro señalado fue un profesor de karate de la zona, cuya habilidad física y características coincidían con algunos de los datos difundidos por los testigos. La sospecha llegó incluso hasta la policía, que lo investigó antes de descartarlo. El hombre debió salir públicamente a aclarar que no tenía nada que ver con los ataques, y sacó a la luz cómo la frontera entre la investigación y la persecución comenzaba a desdibujarse.
Mientras tanto, en las reuniones vecinales aparecía una pregunta cada vez más difícil de responder: ¿había un solo Hombre Gato o eran varios?
La diferencia entre algunos relatos —algunos hablaban de simples apariciones, otros de agresiones— alimentó la idea de que detrás del fenómeno podía haber más de una persona. Con el paso de los días comenzaron a circular versiones de toda clase: imitadores que aprovechaban la fama del caso, grupos organizados e incluso una supuesta secta brasileña vinculada con los ataques. Ninguna de esas hipótesis pudo ser comprobada, pero todas ayudaron a que la leyenda creciera más allá de Brandsen.
La leyenda se extiende por la provincia
La historia comenzó a desplazarse hacia otros puntos de la provincia de Buenos Aires. Durante los meses siguientes aparecieron denuncias y supuestos avistamientos en localidades como Monte Grande, Burzaco, Esteban Echeverría y distintos barrios de La Plata. Cada nuevo relato ampliaba el alcance de un fenómeno que ya había dejado de ser un episodio local para convertirse en una historia comentada en distintos puntos de la provincia de Buenos Aires.
En La Plata, algunos de los episodios más difundidos ocurrieron en zonas como Los Hornos, Villa Elvira y las inmediaciones del Hipódromo. Allí comenzaron a circular testimonios sobre ruidos durante la madrugada, supuestas apariciones y ataques atribuidos al personaje. Como había ocurrido en Brandsen, muchos de esos relatos llegaron a los medios y se sumaron a una cadena de versiones que crecía con cada nueva denuncia.
La expansión del caso también dio lugar a explicaciones cada vez más elaboradas, entre ellas creció la teoría de una supuesta secta brasileña vinculada con los ataques. Según las versiones que circularon durante aquellos meses, eran un grupo dirigido por un “pai” con supuestos contactos e influencias políticas. Con el tiempo, esa historia incorporó nuevos elementos: entrenamientos en artes marciales (capoeira), rituales de iniciación y posibles objetivos criminales... Nunca apareció una prueba que confirmara la existencia de esa organización.
Pese a eso, seguían apareciendo testimonios de personas que habrían escuchado palabras en portugués o una tonada brasileña durante los ataques... La falta de certezas permitió que esas versiones convivieran con otras explicaciones más simples como bromas, imitaciones o hechos aislados aprovechando la repercusión del caso.
Con el paso del tiempo también apareció otra interpretación vinculada al contexto político y económico de aquel año: unas teorías sostuvieron que el fenómeno pudo ser “una distracción” en medio de la crisis económica y social que atravesaba la Argentina en la primera etapa del gobierno de Raúl Alfonsín. Aunque esa hipótesis nunca fue respaldada, se incorporó a la lista de teorías que intentaron explicar cómo una serie de denuncias logró transformarse en un episodio de miedo provincial.
A fines de diciembre de 1984, una publicación del diario Popular aseguró que uno de los supuestos Hombres Gato había sido abatido durante un enfrentamiento en Ezeiza con la Brigada de Investigaciones de Avellaneda. La noticia, contada en potencial y sin confirmación oficial de la fuerza involucrada, lejos de cerrar el caso abrió nuevas especulaciones entre quienes seguían la historia. Poco después volvieron a aparecer algunos relatos aislados, pero con el paso de los meses los supuestos avistamientos comenzaron a perder intensidad hasta desaparecer casi por completo.
A principios de 1985, los relatos comenzaron a perder intensidad. Los supuestos avistamientos fueron cada vez menos frecuentes hasta desaparecer casi por completo a fines de febrero. Sin un responsable identificado y sin una explicación creíble, el Hombre Gato dejó de ser una amenaza que recorría las noches bonaerenses para convertirse en una de las leyendas urbanas más recordadas de la Argentina. Al año siguiente, aquella historia de miedo y rumores encontraría una inesperada segunda vida en la cultura popular, cuando el cantante de cumbia, Ricky Maravilla, sacó una canción que convirtió al personaje que había provocado temor en un símbolo de las fiestas argentinas.
Fuente: Infobae
—¿Y cómo sabemos que no sos un tarado haciendo una broma?—, respondió del otro lado el comisario, desconfiado.
—Le digo que soy el Gato. Les hablo desde el teléfono 22-813...
La extraña conversación ocurrió el 5 de agosto de 1984. Así reconstruyeron ese intercambio los diarios que siguieron el caso durante casi siete meses. Los policías rastrearon el número y fueron hasta el domicilio que figuraba en la guía telefónica, en Brandsen. Allí los recibió un maestro muy conocido en la ciudad, quien les confirmó que ese era su número, pero les aseguró que la línea llevaba meses fuera de servicio. Aquel llamado fue uno de los tantos episodios que alimentaron el enigma de una historia que, entre denuncias, rumores y versiones nunca del todo esclarecidas, desató una ola de pánico en la provincia de Buenos Aires: la del “Hombre Gato”.
En ese momento, la Argentina transitaba los primeros meses de la recuperación democrática y Brandsen todavía conservaba la calma de una ciudad donde casi todos se conocían. Esa tranquilidad comenzó a resquebrajarse con una serie de denuncias nocturnas. Varios vecinos aseguraban que un hombre vestido completamente de negro, con una máscara que imitaba el rostro de un gato y unas garras metálicas, recorría los techos de las casas, emitía maullidos y, en algunos casos, atacaba a quienes encontraba solos antes de desaparecer en la oscuridad.
Lo que al principio parecía un simple rumor de barrio terminó desbordando a la policía y a los propios vecinos. El “Hombre Gato” ocupó las portadas de los diarios, dio origen a patrullas vecinales armadas que recorrían las calles durante la madrugada y alimentó todo tipo de hipótesis: desde el accionar de un agresor solitario hasta la existencia de una supuesta secta brasileña, una maniobra para desviar la atención pública o incluso un experimento social. Más de cuarenta años después, entre expedientes inconclusos, archivos periodísticos y los recuerdos de quienes vivieron aquellas noches de miedo, el caso sigue siendo uno de las leyendas urbanas más recordadas.
Brandsen, el origen del miedo
Las primeras denuncias aparecieron entre la última semana de julio y la primera semana de agosto de 1984, cuando en Brandsen comenzaron a circular relatos sobre una presencia extraña que aparecía durante la noche. Al principio eran comentarios entre vecinos: alguien había escuchado ruidos sobre el techo, otro decía haber visto una sombra cruzar un patio, algunos aseguraban haber oído un maullido profundo, demasiado grave para parecer el de un animal.
Con el paso de los días, los testimonios empezaron a multiplicarse y a compartir una misma descripción. Ante las cámaras de Crónica TV, unos vecinos que afirmaban haberlo visto, lo describieron como un hombre alto, de contextura atlética, vestido completamente de negro y con una máscara que imitaba la cabeza de un gato. Se movía con rapidez, saltaba entre los techos y desaparecía antes de que alguien pudiera acercarse.
La situación cambió el 4 de agosto de 1984, cuando una joven de 22 años denunció haber sido atacada dentro de su propia casa. Según reconstruyeron los diarios a partir de su testimonio, el intruso ingresó durante la madrugada a su habitación vestido completamente de negro. La víctima aseguró que llevaba una máscara con rasgos felinos y orejas puntiagudas, además de un guante del que sobresalían cuchillas metálicas semejantes a garras. Durante el forcejeo, dijo que logró defenderse y que el agresor escapó después de herirla y volver a emitir esos maullidos graves que, hasta entonces, solo habían sido parte de los relatos que circulaban entre vecinos.
Pero el caso dio un giro definitivo cuando una joven denunció que el misterioso atacante había entrado a su habitación e intentado abusar sexualmente de ella. Al declarar, aseguró que estaba vestido completamente de negro, llevaba una máscara con rasgos felinos y un guante del que sobresalían cuchillas metálicas similares a garras. También contó que, durante el forcejeo, la hirió antes de escapar y perderse en la oscuridad.
Esa denuncia cambió la dimensión del caso. Lo que hasta entonces había circulado como una serie de relatos entre vecinos comenzó a ocupar las páginas de los diarios y a instalarse en la conversación cotidiana de Brandsen. Crónica tituló: “Brandsen, aterrorizado por el Gato Montés”, una de las primeras formas en que nombró al personaje. Ese mismo día, el diario Popular utilizó otra denominación: “el Hombre Gato”. El nombre terminó imponiéndose y convirtió a un supuesto agresor en un personaje que ya empezaba a formar parte del imaginario social.
Ese apodo terminó imponiéndose. En pocos días dejó atrás otras denominaciones y comenzó a circular en radios, comercios y reuniones familiares. Eso ayudó a darle una identidad a un personaje cuya existencia todavía no había podido ser comprobada, pero que ya comenzaba a instalarse en el imaginario popular. La presión sobre la policía aumentó: no había un sospechoso identificado, no existían pruebas concluyentes y el atacante parecía haberse desvanecido sin dejar rastros.
En ese clima de incertidumbre apareció un episodio que terminó de alimentar la leyenda. Una llamada telefónica a la comisaría de Brandsen, atribuida por los policías y los medios al propio “Gato”, sumó una nueva capa de misterio a un caso que ya había escapado de los límites de una investigación policial.
La noche en que Brandsen empezó a buscar culpables.
El problema ya no era solamente encontrar al Hombre Gato. En Brandsen comenzó a crecer otra preocupación: la posibilidad de que el miedo llevara a los propios vecinos a cometer un grave error. Con cada nueva descripción del supuesto atacante, también se repetían algunos rasgos físicos: un hombre alto, atlético, vestido de negro y con una particular forma de moverse. Esas características, difundidas una y otra vez, terminaron convirtiéndose en una señal de sospecha para cualquiera que coincidiera con ellas.
Las patrullas vecinales que se habían formado dejaron de ser simples recorridas de vigilancia y comenzaron a funcionar como grupos de búsqueda. Por las noches, los vecinos organizados salían con linternas, palos y armas para recorrer calles, terrenos baldíos y zonas oscuras de la localidad. En algunas de esas salidas hubo confusiones que estuvieron cerca de terminar en tragedia.
Uno de los episodios más recordados fue el de un joven boxeador del barrio. Su altura, su contextura física y la costumbre de entrenar de noche hicieron que algunos vecinos lo vincularan con el personaje que buscaban. Una patrulla llegó a rodearlo convencida de haber encontrado al responsable, pero la situación cambió cuando la mujer a la que supuestamente había atacado confirmó que se trataba de un conocido que simplemente había pasado por su casa.
Otro señalado fue un profesor de karate de la zona, cuya habilidad física y características coincidían con algunos de los datos difundidos por los testigos. La sospecha llegó incluso hasta la policía, que lo investigó antes de descartarlo. El hombre debió salir públicamente a aclarar que no tenía nada que ver con los ataques, y sacó a la luz cómo la frontera entre la investigación y la persecución comenzaba a desdibujarse.
Mientras tanto, en las reuniones vecinales aparecía una pregunta cada vez más difícil de responder: ¿había un solo Hombre Gato o eran varios?
La diferencia entre algunos relatos —algunos hablaban de simples apariciones, otros de agresiones— alimentó la idea de que detrás del fenómeno podía haber más de una persona. Con el paso de los días comenzaron a circular versiones de toda clase: imitadores que aprovechaban la fama del caso, grupos organizados e incluso una supuesta secta brasileña vinculada con los ataques. Ninguna de esas hipótesis pudo ser comprobada, pero todas ayudaron a que la leyenda creciera más allá de Brandsen.
La leyenda se extiende por la provincia
La historia comenzó a desplazarse hacia otros puntos de la provincia de Buenos Aires. Durante los meses siguientes aparecieron denuncias y supuestos avistamientos en localidades como Monte Grande, Burzaco, Esteban Echeverría y distintos barrios de La Plata. Cada nuevo relato ampliaba el alcance de un fenómeno que ya había dejado de ser un episodio local para convertirse en una historia comentada en distintos puntos de la provincia de Buenos Aires.
En La Plata, algunos de los episodios más difundidos ocurrieron en zonas como Los Hornos, Villa Elvira y las inmediaciones del Hipódromo. Allí comenzaron a circular testimonios sobre ruidos durante la madrugada, supuestas apariciones y ataques atribuidos al personaje. Como había ocurrido en Brandsen, muchos de esos relatos llegaron a los medios y se sumaron a una cadena de versiones que crecía con cada nueva denuncia.
La expansión del caso también dio lugar a explicaciones cada vez más elaboradas, entre ellas creció la teoría de una supuesta secta brasileña vinculada con los ataques. Según las versiones que circularon durante aquellos meses, eran un grupo dirigido por un “pai” con supuestos contactos e influencias políticas. Con el tiempo, esa historia incorporó nuevos elementos: entrenamientos en artes marciales (capoeira), rituales de iniciación y posibles objetivos criminales... Nunca apareció una prueba que confirmara la existencia de esa organización.
Pese a eso, seguían apareciendo testimonios de personas que habrían escuchado palabras en portugués o una tonada brasileña durante los ataques... La falta de certezas permitió que esas versiones convivieran con otras explicaciones más simples como bromas, imitaciones o hechos aislados aprovechando la repercusión del caso.
Con el paso del tiempo también apareció otra interpretación vinculada al contexto político y económico de aquel año: unas teorías sostuvieron que el fenómeno pudo ser “una distracción” en medio de la crisis económica y social que atravesaba la Argentina en la primera etapa del gobierno de Raúl Alfonsín. Aunque esa hipótesis nunca fue respaldada, se incorporó a la lista de teorías que intentaron explicar cómo una serie de denuncias logró transformarse en un episodio de miedo provincial.
A fines de diciembre de 1984, una publicación del diario Popular aseguró que uno de los supuestos Hombres Gato había sido abatido durante un enfrentamiento en Ezeiza con la Brigada de Investigaciones de Avellaneda. La noticia, contada en potencial y sin confirmación oficial de la fuerza involucrada, lejos de cerrar el caso abrió nuevas especulaciones entre quienes seguían la historia. Poco después volvieron a aparecer algunos relatos aislados, pero con el paso de los meses los supuestos avistamientos comenzaron a perder intensidad hasta desaparecer casi por completo.
A principios de 1985, los relatos comenzaron a perder intensidad. Los supuestos avistamientos fueron cada vez menos frecuentes hasta desaparecer casi por completo a fines de febrero. Sin un responsable identificado y sin una explicación creíble, el Hombre Gato dejó de ser una amenaza que recorría las noches bonaerenses para convertirse en una de las leyendas urbanas más recordadas de la Argentina. Al año siguiente, aquella historia de miedo y rumores encontraría una inesperada segunda vida en la cultura popular, cuando el cantante de cumbia, Ricky Maravilla, sacó una canción que convirtió al personaje que había provocado temor en un símbolo de las fiestas argentinas.
Fuente: Infobae
martes, 28 de julio de 2026
El récord del Mundial 2026: 675.000 perritos calientes consumidos
El Mundial de fútbol recientemente concluido en Estados Unidos, México y Canadá dejó cifras inéditas tanto dentro como fuera de los estadios, como los cerca de 675.000 perritos calientes consumidos durante los 104 partidos disputados en la competición, según el balance preliminar difundido este martes por la FIFA.
La cifra es tan grande que, si se colocaran todos los perritos calientes uno detrás de otro, alcanzarían una distancia aproximada de 135 kilómetros, equivalente a más de 1.350 campos de fútbol alineados.
Balance preliminar presentado por la FIFA
Este curioso dato forma parte del balance preliminar presentado por la FIFA tras un torneo que reunió a más de 6,8 millones de espectadores en los estadios durante 39 días. Además, los aficionados consumieron más de 4,6 millones de refrescos y aguas embotelladas y alrededor de 5,5 millones de cervezas.
La organización del Mundial 2026 movilizó una gran infraestructura, con cientos de miles de personas entre trabajadores, voluntarios, personal de seguridad y empleados de la FIFA. También destacó por su despliegue tecnológico, con miles de cámaras y una gran producción de contenidos desde el Centro Internacional de Radio y Televisión de Dallas.
Fuera de los estadios, los FIFA Fan Festivals reunieron a más de nueve millones de visitantes y la FIFA mantuvo informados a los aficionados mediante millones de comunicaciones.
La organización aclaró que los datos son preliminares y que seguirá publicando nuevos análisis sobre el torneo, en el que España consiguió su segundo título mundial después del conquistado en Sudáfrica 2010.
Fuente: EFE
La cifra es tan grande que, si se colocaran todos los perritos calientes uno detrás de otro, alcanzarían una distancia aproximada de 135 kilómetros, equivalente a más de 1.350 campos de fútbol alineados.
Balance preliminar presentado por la FIFA
Este curioso dato forma parte del balance preliminar presentado por la FIFA tras un torneo que reunió a más de 6,8 millones de espectadores en los estadios durante 39 días. Además, los aficionados consumieron más de 4,6 millones de refrescos y aguas embotelladas y alrededor de 5,5 millones de cervezas.
La organización del Mundial 2026 movilizó una gran infraestructura, con cientos de miles de personas entre trabajadores, voluntarios, personal de seguridad y empleados de la FIFA. También destacó por su despliegue tecnológico, con miles de cámaras y una gran producción de contenidos desde el Centro Internacional de Radio y Televisión de Dallas.
Fuera de los estadios, los FIFA Fan Festivals reunieron a más de nueve millones de visitantes y la FIFA mantuvo informados a los aficionados mediante millones de comunicaciones.
La organización aclaró que los datos son preliminares y que seguirá publicando nuevos análisis sobre el torneo, en el que España consiguió su segundo título mundial después del conquistado en Sudáfrica 2010.
Fuente: EFE
jueves, 4 de junio de 2026
El país en el mundo que aún no está en 2026: sus habitantes viven en 2018
Casi todos nos regimos por el mismo calendario, aunque hay una zona en la Tierra en la que sus habitantes lo ven de un modo muy diferente.
Que acabamos de empezar 2026 es algo en lo que todos estamos de acuerdo, ¿verdad? Bueno, todos, todos, no, ya que hay un país de África oriental en el que todavía no han llegado a dicho año. Se trata de Etiopía, nación en la que el pasado mes de septiembre (sus habitantes celebran la Nochevieja el día 12) llegaron al año 2018.
Tanto nosotros en España como en prácticamente todo el planeta nos regimos por el calendario gregoriano, en el que se establece que actualmente estamos en 2026, así como que una semana consta de siete días y un día, de 24 horas.
Que acabamos de empezar 2026 es algo en lo que todos estamos de acuerdo, ¿verdad? Bueno, todos, todos, no, ya que hay un país de África oriental en el que todavía no han llegado a dicho año. Se trata de Etiopía, nación en la que el pasado mes de septiembre (sus habitantes celebran la Nochevieja el día 12) llegaron al año 2018.
Tanto nosotros en España como en prácticamente todo el planeta nos regimos por el calendario gregoriano, en el que se establece que actualmente estamos en 2026, así como que una semana consta de siete días y un día, de 24 horas.
En el calendario etíope un año no tiene 12 meses, sino 13 y la principal diferencia es que ese mes extra es más corto que los demás, pues cada mes tiene 30 días y el extra, llamado Pagumē, alberga esos días sueltos que en el calendario gregoriano sobrarían, por ejemplo, en diciembre (1).
El motivo por el que en Etiopía están en 2018 es muy simple, ya que el calendario etíope sitúa el nacimiento de Jesús ocho años más tarde de lo que se cree en casi todo el mundo. Esto da lugar a situaciones muy curiosas para los visitantes, pues debe ser un poco extraño comprar algo en una tienda y que en la factura se indique algo así como 6 de enero de 2018.
El motivo por el que en Etiopía están en 2018 es muy simple, ya que el calendario etíope sitúa el nacimiento de Jesús ocho años más tarde de lo que se cree en casi todo el mundo. Esto da lugar a situaciones muy curiosas para los visitantes, pues debe ser un poco extraño comprar algo en una tienda y que en la factura se indique algo así como 6 de enero de 2018.
Sin embargo, las organizaciones gubernamentales no quieren que esto sea un problema, por lo que también usan el calendario gregoriano para sincronizarse con el resto del planeta en diversos ámbitos como los mercados internacionales y las relaciones con el exterior.
Fuente: as.com
Fuente: as.com
Madres y recién nacidos, las víctimas más invisibles de la hambruna en Gaza
Tras casi dos años de ofensiva militar israelí sobre la Franja de Gaza, el 22 de agosto de 2025 la ONU declaró oficialmente la hambruna en la región palestina.
Desde entonces, organismos humanitarios y expertos internacionales han advertido de que el bloqueo a la entrada de alimentos y suministros básicos se ha convertido en una herramienta de guerra que golpea especialmente a la población civil. Entre las principales víctimas están las mujeres embarazadas, las madres lactantes y sus hijos recién nacidos.
Un nuevo análisis de datos de la organización humanitaria Médicos Sin Fronteras revela ahora el profundo impacto que la desnutrición ha tenido sobre las mujeres y los bebés gazatíes durante los momentos más duros del asedio israelí, especialmente a mediados de 2025, y que sigue afectando a día de hoy.
Según los datos recopilados, una de cada cuatro madres atendidas en unidades de cuidados intensivos presentaba cuadros de desnutrición. Esta situación provocaba que sus bebés tuvieran mayores probabilidades de nacer prematuramente, con bajo peso y con una tasa de mortalidad dos veces superior a la media observada antes de la guerra.
El informe, publicado este jueves, recoge información de cuatro centros de salud gestionados o apoyados por MSF entre finales de 2024 y principios de 2026. Los equipos médicos detectaron un incremento alarmante de partos prematuros, abortos espontáneos y mortalidad neonatal entre madres afectadas por la falta de alimentos.
“Antes de la guerra, la desnutrición en Gaza era prácticamente inexistente”, explica Mercè Rocaspana, referente médica de la unidad de emergencias de MSF. “El bloqueo sistemático de la ayuda humanitaria ha restringido el acceso a alimentos y agua potable”.
La organización atribuye directamente esta situación al bloqueo israelí de bienes esenciales y a los ataques contra infraestructuras civiles, incluidas instalaciones médicas y redes de abastecimiento de agua.
Las madres, las principales víctimas
Abasan al-Kabira, una mujer palestina de 32 años que dio a luz hace tres meses, es una de las madres que ha sufrido las consecuencias de la hambruna en Gaza, según ha recogido el informe de Médicos Sin Fronteras. Tuvo que desplazarse cuando comenzaron los bombardeos en octubre de 2023 y, durante la huida, resultó herida por metralla en un pulmón.
Durante los primeros meses de embarazo fue diagnosticada con desnutrición. “No hay suficiente comida”, relata. Explica que su familia recibe un paquete de alimentos apenas cada seis meses y que su bebé no obtiene suficiente leche materna debido a su estado físico. Ante esa situación, se ha visto obligada a recurrir a leche de fórmula, un producto cada vez más escaso en la Franja. “Solo me queda una lata”, asegura.
La crisis alimentaria también ha alterado profundamente la vida cotidiana de las familias palestinas. En un contexto de hambre extrema, muchas familias se han visto obligadas a establecer prioridades al repartir los escasos alimentos disponibles. Según MSF, en numerosos hogares se realizaban mecanismos de supervivencia en los que se daba preferencia a hombres, niños y niñas antes que a las madres.
Las consecuencias psicológicas sobre las mujeres también han sido severas. Muchas embarazadas y madres lactantes han vivido bajo niveles extremos de estrés y ansiedad, no solo por los bombardeos y desplazamientos forzosos, sino también por el riesgo constante al que se exponían sus familiares varones al intentar conseguir comida. Los equipos médicos de MSF documentaron casos de abortos espontáneos en los que el estrés fue señalado como un factor determinante.
"Promover y apoyar la lactancia materna puede salvar vidas"
Charlotte Oliveira, responsable de análisis de la Unidad de Evaluación de MSF en Viena, advierte además de los riesgos asociados a la alimentación infantil en un contexto de colapso humanitario. “Promover y apoyar la lactancia materna puede salvar vidas”, señala. “En situaciones de emergencia, el uso de sustitutos de la leche materna, como la leche de fórmula, debe seguir directrices muy estrictas, ya que la escasez de suministros y la falta de agua potable pueden hacer que su uso sea arriesgado”.
Pese al alto el fuego parcial anunciado en los últimos meses, la situación sigue siendo extremadamente frágil. MSF reclama a las autoridades israelíes que permitan la entrada inmediata y sin obstáculos de ayuda humanitaria, alimentos, agua potable y suministros médicos.
Para la organización, lo ocurrido en Gaza no responde únicamente a una consecuencia indirecta de la guerra, sino a una estrategia deliberada. “Las decisiones tácticas de Israel en la entrada de alimentos, la instrumentalización de los corredores y puntos de distribución de ayuda y los ataques dirigidos contra infraestructuras esenciales han creado un entorno en el que el hambre se utiliza deliberadamente como un medio de control sobre la población”, denuncia Mercè Rocaspana.
Mientras tanto, miles de mujeres continúan enfrentándose cada día a una maternidad marcada por el hambre, la incertidumbre y la supervivencia en medio de la devastación.
Fuente RTVE
Desde entonces, organismos humanitarios y expertos internacionales han advertido de que el bloqueo a la entrada de alimentos y suministros básicos se ha convertido en una herramienta de guerra que golpea especialmente a la población civil. Entre las principales víctimas están las mujeres embarazadas, las madres lactantes y sus hijos recién nacidos.
Un nuevo análisis de datos de la organización humanitaria Médicos Sin Fronteras revela ahora el profundo impacto que la desnutrición ha tenido sobre las mujeres y los bebés gazatíes durante los momentos más duros del asedio israelí, especialmente a mediados de 2025, y que sigue afectando a día de hoy.
Según los datos recopilados, una de cada cuatro madres atendidas en unidades de cuidados intensivos presentaba cuadros de desnutrición. Esta situación provocaba que sus bebés tuvieran mayores probabilidades de nacer prematuramente, con bajo peso y con una tasa de mortalidad dos veces superior a la media observada antes de la guerra.
El informe, publicado este jueves, recoge información de cuatro centros de salud gestionados o apoyados por MSF entre finales de 2024 y principios de 2026. Los equipos médicos detectaron un incremento alarmante de partos prematuros, abortos espontáneos y mortalidad neonatal entre madres afectadas por la falta de alimentos.
“Antes de la guerra, la desnutrición en Gaza era prácticamente inexistente”, explica Mercè Rocaspana, referente médica de la unidad de emergencias de MSF. “El bloqueo sistemático de la ayuda humanitaria ha restringido el acceso a alimentos y agua potable”.
La organización atribuye directamente esta situación al bloqueo israelí de bienes esenciales y a los ataques contra infraestructuras civiles, incluidas instalaciones médicas y redes de abastecimiento de agua.
Las madres, las principales víctimas
Abasan al-Kabira, una mujer palestina de 32 años que dio a luz hace tres meses, es una de las madres que ha sufrido las consecuencias de la hambruna en Gaza, según ha recogido el informe de Médicos Sin Fronteras. Tuvo que desplazarse cuando comenzaron los bombardeos en octubre de 2023 y, durante la huida, resultó herida por metralla en un pulmón.
Durante los primeros meses de embarazo fue diagnosticada con desnutrición. “No hay suficiente comida”, relata. Explica que su familia recibe un paquete de alimentos apenas cada seis meses y que su bebé no obtiene suficiente leche materna debido a su estado físico. Ante esa situación, se ha visto obligada a recurrir a leche de fórmula, un producto cada vez más escaso en la Franja. “Solo me queda una lata”, asegura.
La crisis alimentaria también ha alterado profundamente la vida cotidiana de las familias palestinas. En un contexto de hambre extrema, muchas familias se han visto obligadas a establecer prioridades al repartir los escasos alimentos disponibles. Según MSF, en numerosos hogares se realizaban mecanismos de supervivencia en los que se daba preferencia a hombres, niños y niñas antes que a las madres.
Las consecuencias psicológicas sobre las mujeres también han sido severas. Muchas embarazadas y madres lactantes han vivido bajo niveles extremos de estrés y ansiedad, no solo por los bombardeos y desplazamientos forzosos, sino también por el riesgo constante al que se exponían sus familiares varones al intentar conseguir comida. Los equipos médicos de MSF documentaron casos de abortos espontáneos en los que el estrés fue señalado como un factor determinante.
"Promover y apoyar la lactancia materna puede salvar vidas"
Charlotte Oliveira, responsable de análisis de la Unidad de Evaluación de MSF en Viena, advierte además de los riesgos asociados a la alimentación infantil en un contexto de colapso humanitario. “Promover y apoyar la lactancia materna puede salvar vidas”, señala. “En situaciones de emergencia, el uso de sustitutos de la leche materna, como la leche de fórmula, debe seguir directrices muy estrictas, ya que la escasez de suministros y la falta de agua potable pueden hacer que su uso sea arriesgado”.
Pese al alto el fuego parcial anunciado en los últimos meses, la situación sigue siendo extremadamente frágil. MSF reclama a las autoridades israelíes que permitan la entrada inmediata y sin obstáculos de ayuda humanitaria, alimentos, agua potable y suministros médicos.
Para la organización, lo ocurrido en Gaza no responde únicamente a una consecuencia indirecta de la guerra, sino a una estrategia deliberada. “Las decisiones tácticas de Israel en la entrada de alimentos, la instrumentalización de los corredores y puntos de distribución de ayuda y los ataques dirigidos contra infraestructuras esenciales han creado un entorno en el que el hambre se utiliza deliberadamente como un medio de control sobre la población”, denuncia Mercè Rocaspana.
Mientras tanto, miles de mujeres continúan enfrentándose cada día a una maternidad marcada por el hambre, la incertidumbre y la supervivencia en medio de la devastación.
Fuente RTVE
El Salvador: Condenan a 254 pandilleros a penas de 85 años de cárcel en un juicio masivo
San Salvador, 2 jun (EFE).- Una corte penal de El Salvador condenó a 254 supuestos pandilleros salvadoreños de la Mara Salvatrucha (MS13) a penas de hasta 85 años de prisión tras más de un mes y medio de un juicio masivo, según informó este martes la Fiscalía General de la República (FGR).
De acuerdo con la fuente, los condenados son integrantes de las células 'Park View Locos Salvatruchos' y que operaba "en más del 50% del territorio del departamento de Cabañas, donde mantenían atemorizados a los lugareños" entre 2013 y 2022.
Afirmó que entre los condenados se encuentra el cabecilla de la célula, identificado como Eugenio Morales, conocido como 'Little Pesadilla', quien recibió una pena de 85 años de prisión por los delitos de agrupaciones ilícitas, tenencia ilegal de arma de fuego y posesión de droga "con fines de tráfico".
"De acuerdo con las investigaciones de la Fiscalía, estos pandilleros tenían diferentes funciones que permitían mantener el control y así facilitar sus actividades ilícitas en distintas zonas de Cabañas", indicó la FGR y detalló que la sentencia fue dada por el Tribunal Segundo contra el Crimen Organizado de San Salvador.
Explicó que la condena se dio "tras una audiencia única que duró más de un mes y medio, en el que la representación fiscal presentó abundante prueba".
La FGR ha explicado que el modelo de audiencia única abierta -que comenzaron a aplicarse en diciembre pasado- se estableció a partir de una reforma a la Ley Contra el Crimen Organizado, con lo que la Fiscalía "procesa de forma masiva a toda la estructura criminal en un solo expediente".
"Esta modalidad permite juzgar a los pandilleros por su pertenencia a la organización, agilizando las condenas y manteniendo el proceso abierto para sumar futuros procesos de la misma clica (célula)", ha indicado.
De acuerdo con la normativa, el fiscal del caso "propondrá al juez a los imputados que irán siendo sometidos a la audiencia, en atención a la imputación de pertenencia y jerarquía dentro de la estructura, y el juez determinará su participación", esto implica que no todos los miembros de una pandilla enfrentan la audiencia al mismo tiempo, aunque sea un solo caso.
Esta reforma, de diciembre de 2023, se dio en el contexto del polémico régimen de excepción, señalado de violentar derechos humanos, se convirtió en la principal apuesta del Gobierno contra las pandillas y que le supuso al presidente Nayib Bukele, quien mantiene alta aprobación entre los salvadoreños, su reelección inmediata para un segundo mandato.
Esta medida, que ha dejado más de 92.000 capturas, se ha prorrogado por 51 ocasiones y también ha dejado más de 6.400 denuncias de violaciones a derechos humanos y unas 530 personas muertas en custodia estatal, según reportes de organizaciones humanitarias.
Fuente: EFE
De acuerdo con la fuente, los condenados son integrantes de las células 'Park View Locos Salvatruchos' y que operaba "en más del 50% del territorio del departamento de Cabañas, donde mantenían atemorizados a los lugareños" entre 2013 y 2022.
Afirmó que entre los condenados se encuentra el cabecilla de la célula, identificado como Eugenio Morales, conocido como 'Little Pesadilla', quien recibió una pena de 85 años de prisión por los delitos de agrupaciones ilícitas, tenencia ilegal de arma de fuego y posesión de droga "con fines de tráfico".
"De acuerdo con las investigaciones de la Fiscalía, estos pandilleros tenían diferentes funciones que permitían mantener el control y así facilitar sus actividades ilícitas en distintas zonas de Cabañas", indicó la FGR y detalló que la sentencia fue dada por el Tribunal Segundo contra el Crimen Organizado de San Salvador.
Explicó que la condena se dio "tras una audiencia única que duró más de un mes y medio, en el que la representación fiscal presentó abundante prueba".
La FGR ha explicado que el modelo de audiencia única abierta -que comenzaron a aplicarse en diciembre pasado- se estableció a partir de una reforma a la Ley Contra el Crimen Organizado, con lo que la Fiscalía "procesa de forma masiva a toda la estructura criminal en un solo expediente".
"Esta modalidad permite juzgar a los pandilleros por su pertenencia a la organización, agilizando las condenas y manteniendo el proceso abierto para sumar futuros procesos de la misma clica (célula)", ha indicado.
De acuerdo con la normativa, el fiscal del caso "propondrá al juez a los imputados que irán siendo sometidos a la audiencia, en atención a la imputación de pertenencia y jerarquía dentro de la estructura, y el juez determinará su participación", esto implica que no todos los miembros de una pandilla enfrentan la audiencia al mismo tiempo, aunque sea un solo caso.
Esta reforma, de diciembre de 2023, se dio en el contexto del polémico régimen de excepción, señalado de violentar derechos humanos, se convirtió en la principal apuesta del Gobierno contra las pandillas y que le supuso al presidente Nayib Bukele, quien mantiene alta aprobación entre los salvadoreños, su reelección inmediata para un segundo mandato.
Esta medida, que ha dejado más de 92.000 capturas, se ha prorrogado por 51 ocasiones y también ha dejado más de 6.400 denuncias de violaciones a derechos humanos y unas 530 personas muertas en custodia estatal, según reportes de organizaciones humanitarias.
Fuente: EFE
miércoles, 18 de marzo de 2026
España: 9 años después, encontraron su cuerpo de mujer enterrado en el patio vecino
La Guardia Civil confirmó que los restos óseos localizados en una vivienda de Hornachos pertenecen a la mujer que desapareció frente a su casa en mayo de 2017. Tras casi una década de misterio, dos hermanos fueron detenidos como presuntos autores de un crimen que conmocionó a toda España.
La Guardia Civil de España confirmó oficialmente este jueves que encontraron los restos óseos de Francisca Cadenas, una mujer de 59 años que había desaparecido hace 9 años y cuyo caso conmocionó al país. La mujer había sido vista por última vez el 9 de mayo de 2017, cuando salió de su casa para acompañar a unos amigos y a su hija pequeña hasta su coche, a escasos 50 metros de su hogar en Hornachos (Badajoz).
Los restos fueron hallados enterrados bajo el suelo del patio de la vivienda de dos hermanos, vecinos de víctima, quienes fueron detenidos tras el descubrimiento. El examen biológico ratificó que se trataba de Francisca, cerrando así una de las búsquedas más angustiantes del país.
La reconstrucción del crimen: un radio de apenas 30 metros
La desaparición de Francisca fue calificada como "inexplicable" durante años. Aquella noche, la mujer dejó la puerta de su casa abierta y le dijo a su hijo que volvería enseguida. Sin embargo, tras entrar en un pasaje estrecho que conectaba la zona donde aparcaron sus amigos con su vivienda, nadie volvió a verla salir.
El giro definitivo en la investigación ocurrió a finales de 2024, cuando la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil redujo el cerco de la investigación de 50 a solo 30 metros. A principios de marzo de 2026, se realizó una reconstrucción del recorrido que apuntó directamente hacia la propiedad de los hermanos Julio y Manuel G.S., conocidos también como Lolo y Julián.
Los detenidos: sospechas familiares y coartadas bajo sospecha
La familia de Francisca siempre había mantenido sus sospechas sobre estos vecinos. El hijo de la víctima relató que, la noche de la desaparición, llegó a llamar a la puerta de los hermanos tras escuchar un fuerte golpe al pasar por delante, pero nadie respondió. Además, los familiares aseguraron haber escuchado obras en la casa de los vecinos días después de que se perdiera el rastro de la mujer.
A pesar de haber mantenido la misma coartada durante nueve años —Manuel afirmaba estar en el hospital de Mérida y Julio cuidando a un familiar—, ambos fueron arrestados tras el registro que localizó el cuerpo. Antes de su detención oficial, uno de los hermanos negó los hechos ante la prensa, alegando que la policía buscaba a un "cabeza de turco".
Hornachos, un pueblo marcado por la tragedia
La noticia ha impactado profundamente a Hornachos, un municipio de 3.600 habitantes que nunca dejó de buscar a Francisca.
Actualmente, los detenidos se encuentran bajo custodia mientras la Guardia Civil continúa realizando registros en otras propiedades, incluida una finca, para esclarecer el móvil del crimen y las circunstancias exactas de la muerte.
Fuente: lavoz.ar
La Guardia Civil de España confirmó oficialmente este jueves que encontraron los restos óseos de Francisca Cadenas, una mujer de 59 años que había desaparecido hace 9 años y cuyo caso conmocionó al país. La mujer había sido vista por última vez el 9 de mayo de 2017, cuando salió de su casa para acompañar a unos amigos y a su hija pequeña hasta su coche, a escasos 50 metros de su hogar en Hornachos (Badajoz).
Los restos fueron hallados enterrados bajo el suelo del patio de la vivienda de dos hermanos, vecinos de víctima, quienes fueron detenidos tras el descubrimiento. El examen biológico ratificó que se trataba de Francisca, cerrando así una de las búsquedas más angustiantes del país.
La reconstrucción del crimen: un radio de apenas 30 metros
La desaparición de Francisca fue calificada como "inexplicable" durante años. Aquella noche, la mujer dejó la puerta de su casa abierta y le dijo a su hijo que volvería enseguida. Sin embargo, tras entrar en un pasaje estrecho que conectaba la zona donde aparcaron sus amigos con su vivienda, nadie volvió a verla salir.
El giro definitivo en la investigación ocurrió a finales de 2024, cuando la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil redujo el cerco de la investigación de 50 a solo 30 metros. A principios de marzo de 2026, se realizó una reconstrucción del recorrido que apuntó directamente hacia la propiedad de los hermanos Julio y Manuel G.S., conocidos también como Lolo y Julián.
Los detenidos: sospechas familiares y coartadas bajo sospecha
La familia de Francisca siempre había mantenido sus sospechas sobre estos vecinos. El hijo de la víctima relató que, la noche de la desaparición, llegó a llamar a la puerta de los hermanos tras escuchar un fuerte golpe al pasar por delante, pero nadie respondió. Además, los familiares aseguraron haber escuchado obras en la casa de los vecinos días después de que se perdiera el rastro de la mujer.
A pesar de haber mantenido la misma coartada durante nueve años —Manuel afirmaba estar en el hospital de Mérida y Julio cuidando a un familiar—, ambos fueron arrestados tras el registro que localizó el cuerpo. Antes de su detención oficial, uno de los hermanos negó los hechos ante la prensa, alegando que la policía buscaba a un "cabeza de turco".
Hornachos, un pueblo marcado por la tragedia
La noticia ha impactado profundamente a Hornachos, un municipio de 3.600 habitantes que nunca dejó de buscar a Francisca.
Actualmente, los detenidos se encuentran bajo custodia mientras la Guardia Civil continúa realizando registros en otras propiedades, incluida una finca, para esclarecer el móvil del crimen y las circunstancias exactas de la muerte.
Fuente: lavoz.ar
viernes, 6 de marzo de 2026
El vino romano que se endulzaba con plomo: la bebida que envenenó a toda una civilización
Beber una copa de vino en la antigua Roma era un placer mortal. El uso de recipientes de plomo para endulzar el mosto creó una epidemia de saturnismo silenciosa.
Imagina que estás en una cena de gala en la época de Tiberio y te ofrecen una copa de vino dulce, denso y perfecto. Lo que no sabes es que ese trago, tan apreciado por los paladares más exquisitos del Imperio, te está matando lentamente.
El vino era la sangre de Roma, pero una decisión técnica nefasta en las cocinas lo convirtió en un arma de destrucción masiva. Los romanos, en su búsqueda del dulzor perfecto, acabaron por consumir dosis masivas de una neurotoxina que afectó a emperadores, senadores y ciudadanos por igual.
A diferencia de nosotros, los romanos no tenían azúcar de caña a mano. Para endulzar su vino, recurrían al "sapa" o "defrutum", un jarabe que se obtenía hirviendo el mosto de la uva hasta reducirlo. El problema es que preferían hervirlo en ollas de plomo.
Al entrar en contacto con el ácido del mosto, el plomo desprendía acetato de plomo. El resultado era un almíbar delicioso que, literalmente, envenenó la dieta de todo aquel que pudiera permitírselo. Era un veneno con sabor a gloria.
La élite que se envenenó por placer
El consumo de vino no era igual para todos. Mientras que el pueblo llano bebía caldos de menor calidad, a menudo menos tratados, la aristocracia exigía el mejor producto. Irónicamente, su estatus fue lo que les envenenó con más saña.
Un romano de clase alta podía ingerir cantidades de plomo que hoy nos harían echarnos las manos a la cabeza. Se estima que el consumo diario superaba con creces los límites de seguridad actuales. Si bebes vino con plomo cada día, tu cuerpo simplemente no tiene tiempo de procesar el metal.
El síntoma de una civilización enferma
El saturnismo, o intoxicación por plomo, no solo produce dolores abdominales. Estamos hablando de una patología que causa irritabilidad, pérdida de memoria y fallos orgánicos. El vino romano estaba cargado de estas "promesas" de salud precaria.
Muchos historiadores apuntan a que el comportamiento de figuras como Calígula o Nerón podría estar relacionado con esta dieta. Cuando el vino que bebes desde la infancia lleva metal pesado, tu cerebro no se desarrolla de la misma forma. Es aterrador pensar en un imperio gobernado por personas con daño cerebral crónico.
Lo más triste es que los romanos sabían que el plomo era peligroso. Vitruvio ya advertía sobre sus efectos en los trabajadores, pero parece que el placer de un buen vino endulzado pesaba más que la prudencia sanitaria.
Si hoy probáramos aquel vino, nos parecería un brebaje extraño. No solo por el plomo, sino por la cantidad de resinas, especias y agua que le añadían. Era una bebida manipulada hasta el extremo porque el vino puro se consideraba algo bárbaro.
Aquí tienes algunos usos del plomo en la mesa romana que dan escalofríos:
Las consecuencias de un error milenario
La caída de Roma es un puzle de mil piezas, y el vino tóxico es una de las más fascinantes. No podemos decir que el plomo destruyó el Imperio por sí solo, pero sí que envenenó su capacidad de reacción y su liderazgo en momentos críticos.
Cuando el sistema nervioso de tus generales y administradores está comprometido, la gestión de un territorio tan vasto se vuelve una misión imposible. El vino dejó de ser un lubricante social para convertirse en una carga biológica.
Si analizamos los restos óseos de la época, los niveles de plomo son reveladores. La dieta romana era una trampa mortal:Acumulación de plomo en los huesos que duraba décadas.
Alta tasa de infertilidad y abortos espontáneos en las familias nobles.
Casos de gota saturnina, una inflamación dolorosa por el ácido úrico y el plomo.
Debilidad muscular progresiva que afectaba a la capacidad de combate.
Problemas renales crónicos derivados de filtrar el vino contaminado.
Trastornos del sueño y alucinaciones en casos de intoxicación aguda.
¿Podría repetirse la historia? (Escenario Futuro)
Mirando hacia atrás, es fácil juzgar a los romanos por su ceguera con el vino. Sin embargo, la historia tiene la costumbre de ser cíclica. Hoy no usamos plomo para endulzar el vino, pero estamos rodeados de microplásticos y aditivos cuya toxicidad a largo plazo apenas estamos empezando a entender.
Mi apuesta es que, dentro de 500 años, nuestros descendientes mirarán nuestros envases actuales con el mismo horror con el que nosotros miramos los calderos de plomo de Roma. El vino ahora es seguro, pero el entorno es un cóctel químico que quizá nos esté envenenando de formas que aún no aparecen en las etiquetas.
Fuente: Que
Imagina que estás en una cena de gala en la época de Tiberio y te ofrecen una copa de vino dulce, denso y perfecto. Lo que no sabes es que ese trago, tan apreciado por los paladares más exquisitos del Imperio, te está matando lentamente.
El vino era la sangre de Roma, pero una decisión técnica nefasta en las cocinas lo convirtió en un arma de destrucción masiva. Los romanos, en su búsqueda del dulzor perfecto, acabaron por consumir dosis masivas de una neurotoxina que afectó a emperadores, senadores y ciudadanos por igual.
A diferencia de nosotros, los romanos no tenían azúcar de caña a mano. Para endulzar su vino, recurrían al "sapa" o "defrutum", un jarabe que se obtenía hirviendo el mosto de la uva hasta reducirlo. El problema es que preferían hervirlo en ollas de plomo.
Al entrar en contacto con el ácido del mosto, el plomo desprendía acetato de plomo. El resultado era un almíbar delicioso que, literalmente, envenenó la dieta de todo aquel que pudiera permitírselo. Era un veneno con sabor a gloria.
La élite que se envenenó por placer
El consumo de vino no era igual para todos. Mientras que el pueblo llano bebía caldos de menor calidad, a menudo menos tratados, la aristocracia exigía el mejor producto. Irónicamente, su estatus fue lo que les envenenó con más saña.
Un romano de clase alta podía ingerir cantidades de plomo que hoy nos harían echarnos las manos a la cabeza. Se estima que el consumo diario superaba con creces los límites de seguridad actuales. Si bebes vino con plomo cada día, tu cuerpo simplemente no tiene tiempo de procesar el metal.
El síntoma de una civilización enferma
El saturnismo, o intoxicación por plomo, no solo produce dolores abdominales. Estamos hablando de una patología que causa irritabilidad, pérdida de memoria y fallos orgánicos. El vino romano estaba cargado de estas "promesas" de salud precaria.
Muchos historiadores apuntan a que el comportamiento de figuras como Calígula o Nerón podría estar relacionado con esta dieta. Cuando el vino que bebes desde la infancia lleva metal pesado, tu cerebro no se desarrolla de la misma forma. Es aterrador pensar en un imperio gobernado por personas con daño cerebral crónico.
Lo más triste es que los romanos sabían que el plomo era peligroso. Vitruvio ya advertía sobre sus efectos en los trabajadores, pero parece que el placer de un buen vino endulzado pesaba más que la prudencia sanitaria.
Si hoy probáramos aquel vino, nos parecería un brebaje extraño. No solo por el plomo, sino por la cantidad de resinas, especias y agua que le añadían. Era una bebida manipulada hasta el extremo porque el vino puro se consideraba algo bárbaro.
Aquí tienes algunos usos del plomo en la mesa romana que dan escalofríos:
Recubrimiento de ánforas con resinas mezcladas con partículas metálicas.
Uso de "sapa" para conservar frutas y que no se pudrieran.
Limpieza de las jarras de vino con sustancias corrosivas que liberaban más metal.
Uso de tuberías de plomo para el agua que luego se mezclaba con el vino.
Consumo de condimentos que utilizaban el jarabe de plomo como base.
Incluso se utilizaba como medicina para algunas dolencias estomacales, ¡vaya remedio!
Uso de "sapa" para conservar frutas y que no se pudrieran.
Limpieza de las jarras de vino con sustancias corrosivas que liberaban más metal.
Uso de tuberías de plomo para el agua que luego se mezclaba con el vino.
Consumo de condimentos que utilizaban el jarabe de plomo como base.
Incluso se utilizaba como medicina para algunas dolencias estomacales, ¡vaya remedio!
Las consecuencias de un error milenario
La caída de Roma es un puzle de mil piezas, y el vino tóxico es una de las más fascinantes. No podemos decir que el plomo destruyó el Imperio por sí solo, pero sí que envenenó su capacidad de reacción y su liderazgo en momentos críticos.
Cuando el sistema nervioso de tus generales y administradores está comprometido, la gestión de un territorio tan vasto se vuelve una misión imposible. El vino dejó de ser un lubricante social para convertirse en una carga biológica.
Si analizamos los restos óseos de la época, los niveles de plomo son reveladores. La dieta romana era una trampa mortal:Acumulación de plomo en los huesos que duraba décadas.
Alta tasa de infertilidad y abortos espontáneos en las familias nobles.
Casos de gota saturnina, una inflamación dolorosa por el ácido úrico y el plomo.
Debilidad muscular progresiva que afectaba a la capacidad de combate.
Problemas renales crónicos derivados de filtrar el vino contaminado.
Trastornos del sueño y alucinaciones en casos de intoxicación aguda.
¿Podría repetirse la historia? (Escenario Futuro)
Mirando hacia atrás, es fácil juzgar a los romanos por su ceguera con el vino. Sin embargo, la historia tiene la costumbre de ser cíclica. Hoy no usamos plomo para endulzar el vino, pero estamos rodeados de microplásticos y aditivos cuya toxicidad a largo plazo apenas estamos empezando a entender.
Mi apuesta es que, dentro de 500 años, nuestros descendientes mirarán nuestros envases actuales con el mismo horror con el que nosotros miramos los calderos de plomo de Roma. El vino ahora es seguro, pero el entorno es un cóctel químico que quizá nos esté envenenando de formas que aún no aparecen en las etiquetas.
Fuente: Que
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